Carta Apostólica 8 de febrero del 2026

Naasón Joaquín García, apóstol y copartícipe de las tribulaciones en Cristo Jesús. Nueva York, 8 de febrero del año 2026.

A la Iglesia amada de Jesucristo: Mi saludo de paz para vosotros es con las palabras del Señor Jesucristo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente (Mateo 22:37).

La razón de mi saludo es porque vivo con la seguridad que el mandamiento más grande que mencionó Jesucristo se cumple en vosotros. Sois una iglesia enamorada de Dios y vuestro amor a Dios es por sobre todas las cosas. Se funda en la razón y no en el fanatismo, por eso le amáis con toda vuestra mente; pero además, vuestro amor a Él es libre y voluntario, es decir, con todo vuestro corazón (1ª de Pedro 1:8): A quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.

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Por ese amor santo, sois una iglesia digna de alabanza porque conocéis, amáis y entendéis quién es Dios. Y vuestra alegría es manifiesta, aunque por ahora no lo veáis, pero esperáis un día verlo cara a cara.

Aún mi alma disfruta la bendición que Dios nos concedió alcanzar al terminar el año 2025 e iniciar el 2026, siempre tomados de su mano y con la esperanza más firme en el galardón divino. Estoy enterado que las casas de oración estuvieron pletóricas de hermanos que buscaban la comunión de Dios y que, al igual que su hermano Naasón en este lugar, lloramos, cantamos, oramos y derramamos nuestro ser en oración rogando al creador de la vida que nos concediera un año más, como lo hizo con la higuera.

Los asistentes al servicio especial de acción de gracias por el año nuevo no fueron obligados, coaccionados ni amenazados para estar presentes. Y estoy seguro que esa noche, en todas las casas de oración, hubo asistencia mayor a lo habitual. Y de aquí se desprende lo que quiero explicarles en mi carta acerca del libre albedrío que Dios nos dio.

Entendiendo el libre albedrío como la voluntad, es decir, la libre voluntad que tiene el hombre para creer o dejar de creer, congregarse o dejar de congregarse, pertenecer o dejar de pertenecer; y una vez creyendo, así mismo conformar o alinear su vida de acuerdo a sus creencias, ejerciendo su libre albedrío o su libre voluntad.

El libre albedrío es el derecho natural más antiguo y fundamental. De este derecho se derivan todos los demás que el hombre pueda ejercer y siempre lo hemos predicado y practicado en la iglesia, porque el evangelio se obedece de corazón y no por la fuerza. Porque el libre albedrío es la facultad que tiene el hombre de decidir sobre su persona, conducta o sus bienes de la manera que guste, teniendo como límite únicamente el derecho de las demás personas y las leyes de cada país.

Yo lo expresé en la iglesia de Panamá y les dije que el hombre tiene la capacidad de decidir lo que quiera; nadie debe imponerle una voluntad extraña o ajena a sus propias convicciones. Cuando la persona disfruta de la presencia de Dios, no es necesario que nadie coaccione o imponga una conducta. El hombre disfruta de su santa presencia y actúa libremente de acuerdo a su conciencia.

Iglesia del Señor, ¿te gozaste en la bendición espiritual que recibiste la velada de Año Nuevo? ¿Quién te obligó a asistir? Nadie te obligó, sino que acudimos prestos al templo para recibir el año nuevo porque sentimos lo que el rey David expresaba en el Salmo 84:10: Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

Así que iniciamos el nuevo año con la facultad que Dios da a cada uno y con el derecho que las leyes le otorgan: me refiero al libre albedrío o libre voluntad. Reitero: mi casa y yo serviremos al Señor Jesucristo. Y al decir ‘mi casa’, me refiero a todos aquellos hermanos que han permanecido libre y voluntariamente en la iglesia a pesar de los ataques, de las amenazas, de las calumnias y mentiras con las que nos acosan y persiguen. Situaciones las cuales causan un daño moral, discriminación, incomodidad, bullying, sufrimiento y hasta linchamiento moral y físico.

Pero la iglesia se ha mantenido fiel, firme y constante sirviendo a Dios. Y aunque quieran que os apartarais, la Iglesia resiste porque es determinada y firme ante la situación difícil que atravesamos y exclama: ‘¿A dónde iremos? Aquí hemos encontrado palabras de vida eterna’. Y una vez más reafirmamos en este nuevo año: estamos en la iglesia La Luz del Mundo en el ejercicio de nuestro libre albedrío y anteponiendo nuestra libre voluntad ante cualquier asedio de nuestra fe.

Los detractores de la Iglesia de Jesucristo, queriendo engañar, confundir y dañar, nos señalan y acusan de ser manipuladores. Nada más alejado de la realidad. Manipular es utilizar tácticas para tratar de controlar, dominar, incidir o influenciar a pesar o en contra de la voluntad de las personas. Algunas veces se utiliza el miedo para manipular, otros la amenaza o la mentira, porque la manipulación es un engaño.

Jesucristo no fue un manipulador como tampoco lo fueron los apóstoles. Tampoco la iglesia primitiva fue controlada ni dominada, sino que ante la buena nueva que trae el evangelio y la conversión de los hermanos, la Iglesia naciente recibió un sinfín de ataques y descalificaciones. Le llamaron secta, promotores de sediciones y hasta de ser una plaga; pero ellos solo anunciaban un evangelio que traía paz, esperanza y una nueva vida al hombre (Hechos 24:5).

No se puede afirmar que la predicación del evangelio de Jesucristo es manipulación. Como no lo es, el cristiano decide libremente abrazar esa doctrina y ajustar su vida de acuerdo a los principios cristianos. Lo contrario sería un atentado a la libertad religiosa. El evangelio que predica la Iglesia de Jesucristo no pretende manipular, no se impone a nadie ni controla o desea controlar a nadie. Antes bien, en lugar de la amenaza y el miedo, el evangelio de Jesucristo persuade, convence y logra que cada persona ejerza el don de libre albedrío que Dios le dio para seguir a Cristo.

Otros afirman que la iglesia manipula a las personas porque existen normas religiosas internas como el horario de los cultos, la forma de vestir, programas para estudio del coro, el orden en el templo, la evangelización, etcétera. Y preguntamos: ¿el orden no existe en toda institución de la sociedad? Sí, de otra manera cualquier organización sería un caos. Toda institución, ya sea una empresa, escuela o banco, poseen normas internas que regulan su funcionamiento y las relaciones entre sus integrantes. Quien decide formar parte de ellos lo hace de manera libre y consciente, aceptando sus disposiciones por voluntad propia. Pero el orden no es manipulación.

Si a una persona no le gusta la doctrina de cualquier religión o creencia, tiene el derecho de apartarse. Pero también la iglesia tiene el derecho de proclamar la fe y el evangelio en base al respeto mutuo. Cuando la Iglesia la Luz del Mundo, como cualquier otra denominación religiosa —sean mormones, testigos de Jehová o católicos— exponen la predicación del evangelio de Jesucristo, las personas que escuchan, haciendo uso del libre albedrío que Dios les dio, tienen el derecho de decidir si creer o no creer, si se adhieren o no a la iglesia, si obedecen o no a la doctrina y si conforman o no su vida de acuerdo a ella.

Quienes se han alejado de la iglesia ha sido por su voluntad propia, en el ejercicio de su libre albedrío. Y los que permanecen en ella, lo hacen en el ejercicio de su libre voluntad. Señalar de manipulación a quien anuncia el evangelio está fuera de la realidad que vivimos, la cual todos los miembros de la iglesia han experimentado y disfrutado. De manera que afirmamos: la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo ha marcado un antes y un después en nuestra vida.

Para comprender los alcances del libre albedrío dentro de la iglesia, analicemos la parábola del sembrador que habla de la semilla que es la palabra de Dios (Mateo 13:18-23). Explicó el Señor Jesucristo que la palabra de Dios es la semilla y cuando esta se proclama y cae en diferentes clases de tierra, puede ser junto al camino, entre pedregales, entre espinos o en tierra buena y fértil.

El trabajo de la iglesia es esparcir la semilla, que es el evangelio de Jesucristo. La tierra donde cae la semilla y el fin de ella no depende de la iglesia, sino de cada persona y sus decisiones fundamentadas en su libre albedrío. ¿Por qué algunas personas aceptan el evangelio y este perdura en su vida, mientras otros son de una creencia corta, pasajera y temporal? (Filipenses 2:13): Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer por su buena voluntad.

Así acontece con el evangelio que difunde la iglesia: muchos se adhieren libremente, pero luego algunos prestan oído a malas conversaciones y entonces su fe se va terminando y es arrebatada por el malo; se apartan de la iglesia pues son libres para hacerlo. Otros se emocionan pero no tienen raíz profunda; en cuanto viene la prueba o sufrimiento se apartan. Repito: por el libre albedrío que tienen, se van y se retiran. Hay otros donde los afanes de este siglo ahogan la semilla. Pero hay una semilla que cae en buena tierra; esa no se muere, florece y lleva fruto. Esa semilla permanece en los corazones que aman a Dios.

La Iglesia la Luz del Mundo es libre, y me refiero a la libertad con la que Cristo nos hizo libres, aquella que deviene del conocimiento de la verdad (Juan 8:32): Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Sí, somos libres porque en la iglesia nadie se obliga a creer, no se coacciona para que asistan al templo. La Iglesia la Luz del Mundo no lleva a cabo la práctica antigua llamada Inquisición, que era un tribunal que juzgaba, castigaba y condenaba en razón de sus creencias, obligando a creer por temor. Qué diferente es cuando se abraza el evangelio con todo el corazón; entonces el evangelio no es una carga, es una dulzura.

El primero en establecer reglas y orden es Dios (Salmos 148:5-6). Dios estableció límites al mar, al sol y a la luna. Dios es un Dios de orden. Dios creó al hombre con inteligencia y poder de decisión llamado libre albedrío, con el propósito de que el hombre escoja libremente entre el bien y el mal, entre la bendición y la maldición (Deuteronomio 30:19).

La toma de decisiones es la facultad que Dios le dio al hombre. Predicar el evangelio no es manipulación. La fe no anula la razón. Observar el orden de la iglesia no es manipulación. La prueba viva y fehaciente del libre albedrío somos nosotros mismos, pero también lo son los que se han apartado. ¿Por qué? Porque con ello se comprueba que la iglesia respeta al que desiste de seguir al Señor. La iglesia ora por el que se aparta.

Los que han salido de la iglesia, cuando quisieron fueron miembros fieles, participaron en el coro, ayudaron con ofrendas; pero en el ejercicio de su libre albedrío un día decidieron no continuar. Ellos son la prueba viva de que en la iglesia se respeta el libre albedrío.

Hay quien, aparte de retirarse, decide atacar y agredir. Sin embargo, la iglesia nunca ha predicado devolver mal por mal (Mateo 5:11-12): Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan… gozaos y alegraos. Bienaventurada la iglesia que resiste, que no ejerce la violencia y que obedece a las autoridades.

En mis visitas a las iglesias, estas han sido mis directrices:

1. Cada miembro es libre de creer y pertenecer cuando quiera.

2. Si un día ya no lo siente así, puede retirarse; únicamente se pide respeto.

3. La iglesia defiende la dignidad humana y los derechos humanos.

4. La iglesia no impone doctrina por la fuerza ni coacción.

5. La iglesia es respetuosa de las leyes y no busca poder terrenal ni es subversiva.

Iglesia del Señor, invitemos a todas las personas a conocernos. Nuestras reuniones son públicas. No dejes de dar testimonio. Quien decide apartarse es libre de hacerlo; pero a los que deciden seguir, os digo: hoy se juzga la doctrina, hoy se atenta contra la libertad religiosa.

Avancemos. Que vuestros ojos estén siempre puestos en Jesucristo. Con este consejo me despido, deseo que meditéis en ello. No dejemos de orar por las autoridades del mundo para que Dios les llene de sabiduría y reine la paz.

Dios los bendiga. Os dejo el himno número 409, ‘Oh Jehová, cuán grande es tu nombre’.

Con amor profundo, vuestro en Cristo, Naasón Joaquín García, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo.

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