El escarnio

El escarnio: Instrumento de persecución para mover la firmeza de los hijos de Dios

«[…] aunque Satanás nos provoque, nos orille a circunstancias difíciles, para que blasfememos el nombre de Dios, el que ya tiene a Dios en su corazón, NO PUEDE HACERLO porque reconoce a Dios como lo mejor de su vida.

Ese hermoso sentimiento de AMOR DIVINO no permite que ofendamos a Dios, sino que nos enseña a entender que Él es el único a quien podemos recurrir; fuera de Él y de su Hijo Jesucristo, no tenemos nada, ni a nadie.»

— Naasón Joaquín García, Siervo de Dios y Apóstol de Jesucristo
Los Ángeles, California, 7 de mayo de 2022

Powered by RedCircle

Salmo 34:19: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová».

Objetivo: Fortalecer nuestra fe como hijos de Dios, ayudándonos a comprender que las aflicciones no significan necesariamente el abandono de Dios; que el escarnio puede convertirse en una prueba de nuestras convicciones y que, mediante la oración, la perseverancia y la confianza en Dios, es posible conservar la firmeza espiritual.


Cuando el justo atraviesa la aflicción

Podemos contar con la fe, la firmeza y la esperanza en Dios ante las pruebas y el escarnio.

La fe no nos exime de las tormentas

Ilustración: El árbol que resiste la tormenta
Un árbol puede crecer durante muchos años en condiciones favorables. Recibe la luz del sol, el agua de lluvia y los nutrientes del suelo. Sin embargo, cuando llega una tormenta, su resistencia se pone a prueba. El viento sacude sus ramas, la lluvia golpea su tronco y la fuerza de la tempestad parece amenazar su estabilidad.

Pero hay algo que no siempre podemos observar: sus raíces. Mientras más profundas y firmes sean, mayores serán las posibilidades del árbol de resistir los embates del viento.

Algo semejante sucede en la vida espiritual. Mientras todo marcha bien, resulta relativamente sencillo expresar nuestra confianza en Dios. Pero cuando llegan las dificultades, las enfermedades, las pérdidas, las injusticias, las burlas o las persecuciones, nuestra fe se pone a prueba.

Entonces surge una pregunta fundamental que nos ayudará a profundizar en nuestra plática: ¿Qué tan profundas son las raíces de nuestra confianza en Dios?

El salmista no dijo que el justo estaría libre de aflicciones. Por el contrario, reconoció que serían muchas. Pero inmediatamente añadió una promesa de esperanza: «De todas ellas le librará Jehová».

La firmeza de nuestra fe no se demuestra solo cuando todo está bien, sino también cuando permanecemos fieles a Dios en medio de la adversidad.

El justo no es una persona que jamás experimenta debilidad, tristeza o dificultades. Es aquel que ha recibido la gracia de Dios: la fe, el evangelio y la doctrina, la elección, y procura conducir su vida conforme a su voluntad. Ser justos ante Dios no significa vivir sin problemas.

El evangelio en Mateo 5:45 recuerda que Dios hace salir el sol sobre buenos y malos y que la lluvia cae sobre justos e injustos.

Nuestro Señor Jesucristo nos advirtió de esta realidad en Juan 16:33: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». El Señor no ocultó las dificultades que enfrentarían sus discípulos, pero tampoco nos dejó sin esperanza.


¿Qué es el escarnio?

El escarnio es una burla cruel o humillante que busca ridiculizar, desacreditar o avergonzar a una persona.

A diferencia de una broma común, el escarnio busca herir profundamente la dignidad y las convicciones de quien lo recibe. En nuestro tiempo, estas manifestaciones pueden difundirse a través de distintos medios de comunicación, en particular las redes sociales. La difusión masiva de burlas, insultos y expresiones humillantes puede agravar el sufrimiento de las personas afectadas.

Salmo 69:20: «El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado».
Las palabras pueden herir profundamente. No debemos minimizar el sufrimiento de quienes son objeto de humillación.


Firmeza ante la burla

Salmo 119:51: «Los soberbios se burlaron mucho de mí, mas no me he apartado de tu ley».

Este versículo contiene dos realidades:

  • Primera: El salmista reconoce que ha sido objeto de burlas.
  • Segunda: Declara que aquellas burlas no lograron apartarlo de la ley de Dios.

Su firmeza no consistió en negar que las ofensas fueran dolorosas, sino en mantener su fidelidad. Aquí encontramos una enseñanza profundamente práctica: No siempre podemos impedir que otros hablen contra nosotros, pero sí podemos decidir cómo responder y qué lugar dar a sus palabras en nuestro corazón.


Nuestra respuesta cristiana: Vencer el mal con el bien

Romanos 12:21: «No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal».

Ante la ofensa, podemos sentir el impulso de defendernos, y responder con dureza o devolver el agravio. Sin embargo, la doctrina de Jesucristo nos enseña un camino superior. La respuesta cristiana debe caracterizarse por:

  • Serenidad: No permitir que la provocación gobierne nuestras emociones.
  • Prudencia: Evitar discusiones inútiles y confrontaciones que solo aumentan el conflicto.
  • Oración: Buscar en Dios la fortaleza para conservar la paz interior.
  • Mansedumbre: No responder a la maldad con acciones semejantes.
  • Firmeza: Mantener nuestras convicciones sin convertir la fe en motivo de agresión contra los demás.

La mansedumbre no significa aceptar el abuso. También es legítimo establecer límites, buscar protección y acudir a los medios adecuados cuando existen amenazas, acoso o violencia. La firmeza cristiana debe estar acompañada de la verdad, la prudencia y la caridad.


Perseverar haciendo el bien

Gálatas 6:9: «No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos».

La perseverancia cristiana no consiste solo en resistir pasivamente. Significa continuar haciendo lo correcto, aun cuando las circunstancias sean difíciles. Seguir orando, seguir trabajando, seguir sirviendo, seguir practicando la justicia y seguir procurando la paz.

La victoria en las luchas que vendrán no consiste en devolver cada ofensa, sino en impedir que la ofensa transforme el corazón y lo aparte del bien.


Conclusión: Las aflicciones no tienen la última palabra

Regresemos al inicio: Salmo 34:19: «Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová».

Este sitio utiliza cookies para ofrecerte una mejor experiencia de navegación. Al navegar por este sitio web, aceptas nuestro uso de cookies.