¿Cuál es la diferencia entre evangelizar y adoctrinar?
El análisis de este tema suele generar controversia en el mundo religioso, donde comúnmente se señala que “evangelizar es bueno” y “adoctrinar es malo”. Sin embargo, al analizarlo desde los puntos exegéticos, encontramos que existe un proceso dual en el adoctrinamiento: uno malo y uno bueno.
La Evangelización: El Anuncio de la Buena Noticia
El Evangelio es la puerta que se abre cuando el evangelista anuncia la llegada de un Reino de amor y misericordia. Este anuncio tiene el poder de transformar la vida del creyente: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17).
Antes de este anuncio estábamos muertos en delitos y pecados, pero la “Buena Noticia” nos otorgó la esperanza de la vida eterna (Efesios 2:5). Evangelizar es anunciar los hechos hermosos del Señor Jesucristo: su nacimiento, vida, muerte y su grandiosa resurrección. El oyente decide entrar por fe, sin presión, coerción o imposición.
El Adoctrinamiento: Las Dos Vertientes
Diferente es el adoctrinamiento cuando se aplica meramente para ganar “prosélitos” por ego o arrogancia. Este sentido proselitista busca meter la doctrina a presión solo para que el “pescador” pueda decir con altivez: “Yo convertí a este”.
Sin embargo, el adoctrinamiento en sí no es malo; es necesario. Para entenderlo, debemos distinguir sus dos aristas:
* La imposición coercitiva: El adoctrinamiento errado que solo busca ganar prosélitos.
* El conocimiento exegético: El adoctrinamiento correcto que nos lleva a la Verdad y quita el “velo” que nos mantiene ciegos.
El Orden Divino en la Enseñanza
La fe no se impone, se ofrece. El mismo Maestro estableció este principio de libertad en Mateo 16:24: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo…”. Esto es evangelizar: sin obligación ni amenaza.
Para que un creyente adoctrine bajo el Orden Divino, debe seguir la instrucción de 1 Pedro 3:15:
“Estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.”
Somos un pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9).
Como bien lo inició Jesús en su primer discurso: “¡Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado!” (Mateo 4:17). En resumen: El Evangelio es el anuncio mayestático del Reino, y el adoctrinamiento es la capacitación doctrinal de ese Reino.






