LA PERSECUCIÓN A LOS VERDADEROS CRISTIANOS Y AL PUEBLO JUDÍO: Una Historia de Resistencia Compartida
Para entender la resiliencia judía y cristiana, es necesario desmascarar uno de los periodos más oscuros de Occidente: la transformación de la fe en una herramienta de estado por parte de Roma. Existe una diferencia abismal entre el cristianismo bíblico (basado en las enseñanzas de amor y paz de Jesús de Nazaret) y el catolicismo romano institucional que surgió siglos después.
El Secuestro del Nombre “Cristiano”
Mientras que los primeros seguidores de Jesús eran pacíficos y a menudo martirizados, la estructura que Roma creó bajo el título de “Iglesia Católica” buscaba el dominio territorial. Al mezclar el poder del César con la religión, convirtieron el Evangelio en un código de leyes impositivas.
• Jesús predicó: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).
• Roma decretó: Un imperio donde el Papa tenía poder sobre reyes y ejércitos.
La Inquisición: Violencia en Nombre del que fue Violentado
El punto más crítico de esta distorsión fue la Inquisición Católica. Es una contradicción histórica que una institución que decía seguir a alguien que murió perdonando a sus verdugos, torturara y quemara a miles de personas.
• Los judíos fueron el blanco principal porque su mera existencia recordaba las raíces bíblicas que Roma había alterado.
• Al no poder asimilarlos mediante la fe, la maquinaria católica recurrió a la confiscación de bienes, la tortura y el destierro.
El Antijudaísmo como Estrategia de Control
Roma utilizó la figura de los judíos como un “enemigo interno” para unificar a las masas europeas bajo su control. Las matanzas y los pogromos no fueron “actos cristianos”, sino operaciones políticas de la Iglesia Católica para consolidar su hegemonía. Quienes realmente seguían el Nuevo Testamento no podían participar en tales atrocidades, pues el mandato de Jesús era claro: “Amad a vuestros enemigos” (Mateo 5:44, Lucas 6:27).
La Resistencia ante la Falsa Religión
Este enfoque refuerza una tesis central: el pueblo judío no solo ha sobrevivido a reyes paganos como Antíoco, sino también a la fuerza más grande de la historia que usó el nombre de Dios como escudo para la tiranía. La capacidad de los judíos para “anticiparse a quien quiera vulnerarlos” nace de ver cómo incluso aquellos que hablaban de “salvación” eran quienes encendían las hogueras. Aprendieron que la fe verdadera se defiende con la vida, pero que las instituciones humanas a menudo son el disfraz de la ambición de poder.
La Persecución de los Verdaderos Cristianos bajo Roma y las Naciones
Es fundamental señalar que esta maquinaria de poder romano no solo persiguió al pueblo judío, sino que también se ensañó contra los verdaderos cristianos. Desde el inicio, el Imperio Romano vio en los seguidores del camino de Jesús una amenaza a su autoridad absoluta. Jesús fue el primero en sufrir el martirio bajo el poder romano, y tras él, miles de cristianos bíblicos fueron arrojados a los leones o crucificados por negarse a adorar al César o a los ídolos de las naciones.
Incluso después de que Roma adoptara el nombre de “Iglesia”, la persecución continuó contra aquellos cristianos que se mantenían fieles únicamente a las Escrituras. Durante siglos, naciones enteras bajo la influencia del poder papal persiguieron, torturaron y ejecutaron a grupos de creyentes que rechazaban las imposiciones de la institución católica. Estos cristianos auténticos, al igual que los judíos, fueron víctimas de un sistema que no toleraba la libertad de conciencia ni la fidelidad a los mandatos originales de Dios.
Refugios Bajo Tierra: La Fe en las Profundidades
La arqueología moderna ha confirmado la magnitud de esta persecución a través de descubrimientos asombrosos. En Roma, las catacumbas servían no solo como cementerios, sino como refugios donde los cristianos se escondían bajo el suelo para orar y escapar de la guardia imperial. Aún más impresionante es la región de Capadocia, donde se han descubierto ciudades subterráneas enteras, como Derinkuyu, con niveles que descienden decenas de metros bajo tierra. Estos complejos laberintos son el testimonio mudo de familias que prefirieron vivir en la oscuridad del subsuelo antes que negar su fe o someterse a la idolatría de las naciones.
Dos Caminos Unidos por el Martirio y la Verdad
Esta historia compartida convierte a los judíos y a los verdaderos cristianos en pueblos profundamente parecidos en su esencia de resistencia. Ambos han sido “extraños” en sistemas que exigen obediencia ciega a hombres y no a Dios. Al compartir un mismo origen en las Escrituras y un mismo verdugo en los imperios totalitarios, ambos grupos han desarrollado una piel curtida por la adversidad. Esta similitud no es solo de sufrimiento, sino de principios: la convicción de que la verdad no se negocia con el opresor.
La Fuerza de la Anticipación
Esta historia compartida de persecución por parte de imperios y naciones ha forjado una identidad de resistencia inquebrantable. El pueblo judío, tras siglos de enfrentar tanto el odio pagano como el de la falsa cristiandad de Roma, se ha convertido en una fuerza que se anticipa a cualquiera que quiera vulnerarlos. Entienden, por experiencia propia, que el poder del mundo siempre intentará aplastar la fe verdadera, y por ello, su vigilancia y su capacidad de reacción son hoy su mayor escudo ante la adversidad.






